Miércoles, 05 de Noviembre de 2014 10:56

Los humanos no somos Hereford

por  El Miope
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Días pasados, en uno de los tantos reportajes relámpago que se hacen al Pepe (y no hay reportajes más al  Pepe que los efectuados al Pepe), una  periodista preguntole si el gobierno no practicaba cierto antisemitismo. A lo cual el mandatario contestó que tenía tres ministros judíos. Lo cual desalentó mis expectativas de ser Ministro ya que no soy judío. Más, me propuse averiguar si ser judío implicaba pertenecer a una religión, y saliéronme al cruce varios amigos que dijeron ser judíos no religiosos.

Aclarándoseme que eran judíos los hijos de madre judía, con lo cual comprendí porque se daba aires de importancia aquella “idische mame” de mi viejo barrio de la infancia, ante su marido incapacitado para trasmitir el judaísmo. Pero seguí sin comprender lo que era ser judío y me fui al diccionario sin olvidar el término de antisemitismo manejado en el reportaje al Pepe. La Real Academia Española (que entre otros defectos huele a Católica, Apostólica y Romana; por algo nació en Roma el chanta del ex Rey Juan Carlos) indica que semita “se dice de los árabes, hebreos y otros pueblos”, con lo cual comprendí que los judíos son antisemitas por estar contra los árabes y viceversa. Acaso esa bidireccionalidad sea la que hace que los judíos lean de derecha a izquierda al igual que los árabes, aunque estos según enseñara Lawrence de Arabia, suelen ser analfabetos.

Obsesionado con la cuestión judía, me fui a la Wikipedia y otras fuentes y acabé descubriendo que los únicos que tenían patrones específicos para definir a un judío habían sido los nazis. Opté por interrogar sobre el asunto a varios judíos acerca de  lo que implicaba esa condición (la de judío) y quedaron más confusos que yo. Resolví abandonar el asunto persuadido de que no podría ser Ministro y, más difícil aún, adquirir la condición de judío no religioso. Consulté a un rabino y a un cura católico sobre mi pertenencia a los pueblos semitas, dada mi descendencia de una bisabuela andaluza, presunta “marrana”, y me acusaron de ser más seguramente descendiente de árabes de Al-Andalus. Dudé de si no se me acusaría de pertenecer al Islam, hasta que logré tranquilizarme cuando supe que no todos los árabes eran musulmanes y viceversa.

El problema sigue siendo ¿qué es ser judío? Para disminuir mis angustias me fui a un boliche de Villa Muñoz, donde con desazón comprobé que no quedaban judíos porque se habían marchado a Pocitos y acodado en el mostrador me encontré con un negro, que tiempo atrás cuando la demolición del Medio Mundo y el Barrio Reus al Sur debió abandonar su enclave artificiosamente natural. Porque nosotros venimos de Africa, indicó el susodicho después que le dije “Negro, que hacés”, al darme cuenta que estaba ante un amigo de la adolescencia: “El Negro Ricardo”, orgulloso que le llamasen igual que a uno de los guitarristas de Gardel. Ahora es diferente aclaró, somos “afrodescendientes” dijo enfáticamente. Fue ahí cuando comprendí que el blanquísimo y rubio defensor del apartheid sudafricano Hendrik Verwoerd, el líder egipcio Gamal Abdel Nasser, y la blonda Josefina Almansor, una amiga cuya familia por generaciones  vivió en el norte de Africa, más precisamente en Ceuta, son todos afrodescendientes. El Negro Ricardo no lo entendió así y hasta dudó de su frenteamplismo cuando días pasados Tabaré Vázquez reivindicó el término de “negro” para un amigo que lo fuera.

A esta altura, hermanados racialmente todos los asistentes al boliche, merced a una estupenda grapa con  yuyos, el bolichero cortó unos cuadraditos de jamón serrano traído desde su Castilla natal invitándonos a comer y beber, para así comprobar que entre los asistentes no había ni judíos ni musulmanes. Acto seguido, irritado por el racismo y por una urticaria de origen no racial, digo al bolichero: “volvete a tu país gayego de mierda”. Con lo cual el susodicho no se inmutó ya que era de la noble Castilla la Vieja, y no de esas provincias donde coexistían los galleguitos petizones, los del monte, con los esbeltos gallegos de la costa, de ascendencia celta, acotó sonriendo, y otras especies zoológicas.

Fue en ese instante en que el televisor del bar muestra nuevamente a Tabaré Vázquez refiriendo que el marxismo, el cristianismo, el herrerismo, el batllismo y cuanto ismo anda por ahí eran meras herramientas que él utilizaba según las circunstancias. Una voz aguardentosa que no se donde salió, exclamó: “Taba, te faltó una, esta noche en la ‘tenida’ te la cuento”. En ese instante alguien resbaló, golpeó la Biblia que estaba contra un viejo calefón, y cayó sobre el mostrador exclamando: “esto me pasa por ser negro y comunista y venir a este boliche piojoso de un gallego ateo que es solidario con los palestinos”.

Mamados por unanimidá –como gustaba decir Juceca- nos fuimos todos a casa de un amigo mío que vive en la rambla y Avenida Brasil. Desde su balcón mirábamos a hermosos jóvenes y hermosas jóvanas con tacuaras y vinchas blancas proponiendo un país mejor desde sus 4 x 4  . Después de tomarse unos whiskys, el hijo del dueño de casa exhibía un rostro abotagado, al tiempo que exclamaba, “es la única manera en que uno puede ponerse colorado sin que de vergüenza”.  A la hora del almuerzo, la dueña de casa sedujo al dueño del bar con un plato de pescado que jamás había  probado. Cuando este preguntó cómo se llamaba, la amable anfitriona respondió: “gelfite”.

Publicado en puntogg, no. 4, setiembre de 2014
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Ultima modificacion el Martes, 25 de Noviembre de 2014 12:33

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