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Martes, 06 de Agosto de 2013 20:20

El cuchillo que da súper poderes

por  Andrés Alsina
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Cuchillo del Ejército Suizo - model "EvoGrip S17"; Wenger S.A. Cuchillo del Ejército Suizo - model "EvoGrip S17"; Wenger S.A. DM Commons /wikicommons

Se necesitaba un destornillador y también un abrelatas; en la suma se logró el mejor resumen de la masculinidad que conozco, pues convierte en virtud todo defecto que pudiera llegar a tener el homo sapiens que supo sacrificar media costilla. Y como en este 2013 cumple 120 años según se la definió en 1893, es alta hora de honrarla. Es la navaja del ejército suizo, con la cual se pueden arreglar todas las imperfecciones del mundo.

Con ella, un hombre puede enfrentar todo desafío, es diestro para superar cualquier incompetencia hogareña, será capaz de sobrevivir a las duras exigencias de la naturaleza —en la suposición de que alguna vez haga algo más que sobrevolar la selva-- y será pasible de la perfección, para admiración del resto.

Todos lo sabemos: no es que los hombres seamos torpes o no sepamos arreglar algo: es que nos faltan las herramientas adecuadas. Y todas las necesarias están o pueden estar allí, según el modelo. Tenerla es símbolo de autosuficiencia, y ningún hombre puede considerarse adulto hasta no tener una. La mía tiene las cachas rojas un poco rayadas, y tiene tijerita de uñas, lo cual el ejército suizo llegó a considerar superfluo. No yo.

Todo comenzó con las necesidades de la guerra, que más allá de prevenciones morales ha sido en verdad la que grandes adelantos ha traído para la humanidad. El ejército suizo, neutral pero no bobo, se formó en la convulsionada Europa del siglo XIX, y para preservar su autonomía inventaron su propio rifle, el Schmidt-Rubin M1889, con adelantos para la época en que Marx y Engels lanzaban el Manifiesto Comunista y un fantasma efectivamente recorría Europa. Tras tres años de perfeccionamientos, en 1893, se llegó al destornillador y abrelatas ideal, infalible y a prueba de convulsiones de todo tipo; con rigor admirable, se le llamó Modelo 1890. Su principio secreto es el del resorte, que después de todo se usó por primera vez en un arma de guerra muy primitiva, el arco y la flecha.

En sus once modelos o, mejor dicho, cuatro mejorados, se fueron incorporando funciones, adaptando hojas para que sirvieran a varios fines, y hay un modelo que tiene las 147. Es que a un varón no le alcanza con un abrelatas y un destornillador; mejor dicho, le alcanza pero siempre quiere más.

Hoy, los modelos van desde uno con la simple hoja (que abre latas y oficia de destornillador), pasando por incorporar un bisturí, pinza de cejas, escarbadientes, sacacorchos y un destornillador mínimo que se enrosca en él, abrelatas y destapador, un destornillador phillips, lima de uñas, lima de acero, limpiauñas, tijera de uñas, pinza de fuerza, serrucho de madera y también de hierro, un instrumento para asegurar el lazo de los zapatos que desconozco, lupa –que también sirve para prender fuego--, birome, medidor de pescados con una punta para descarnar anzuelos, arandela para llaveros y más.

Hay un modelo de 2006 que incluye reproductor USB, reloj digital, altímetro digital, luz diódica, puntero laser y reproductor MP3. Los modelos más modernos incluyen Bluetooth, y la lista sigue. El modelo completo, llamado El Gigante, mide 85 milímetros y pesa 1,328 gramos; viene en una caja, claro, y vale mil dólares. Y después están los exagerados: el Guinness registra un ejemplar único con 314 funciones, hecho en 1991 por el maestro Cutler Hans Meister.

Hay que reconocer que su nombre en inglés, Swiss army knife, se debe a las impericias lingüísticas de los soldados estadounidenses para nombrarlo de otra manera, aunque estaban todos desesperados por conseguir uno. (Y fue en 1951 que esa demanda lo transformó en un objeto de consumo, además de los 50.000 que todos los años los suizos reparten a sus oficiales de reserva.) Desde ya que el resto del mundo tuvo problemas con su nombre original en alemán, Schweizer Offiziersmesser, de modo que los italianos lo llamaron Coltellino svizzero y los franceses couteau suisse. Llámelo como quiera, pero no se prive de uno: que el día del padre sirva para algo, caramba.

Publicada en el diario El Observador el domingo 4 de agosto, con el título "El mundo en el bolsillo".
Ultima modificacion el Jueves, 26 de Septiembre de 2013 19:59
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